EL DESAFÍO DE LA INTEGRACIÓN

¿Somos conscientes de cómo ha cambiado nuestra sociedad en los últimos años? Más allá de avances tecnológicos, hemos vivido una revolución en cuanto a la diversidad: inmigración, nuevos modelos de familia o la integración de personas con diversidad funcional, por poner sólo algunos ejemplos de situaciones que durante nuestra infancia tenían un tratamiento, y en ocasiones una aceptación, muy distinto a hoy en día. Las próximas generaciones van a partir de esta base, y a buen seguro seguirán viviendo la irrupción de nuevas realidades, lo que hace necesario dotar a nuestros hijos e hijas de nuevas habilidades para poder adaptarse a estos cambios.

Todos, como padres, somos conscientes de la importancia que tiene el desarrollo físico, psíquico, social y emocional de nuestros hijos desde el mismo momento de su nacimiento.

El comienzo en un Centro Infantil constituye un hito en la vida de nuestros pequeños, que va a favorecer no sólo el desarrollo de dichos aspectos, sino el aprendizaje de cómo nos integramos los unos con los otros, aspecto de suma importancia para saber desenvolvernos en un mundo donde la diversidad cultural y social predomina y nos enriquece.

Las bases para una mayor igualdad se asientan en la primera infancia. Hay suficientes evidencias respecto a los beneficios que tiene la educación en los primeros años de vida para el desarrollo humano, y sus aspectos preventivos y de equiparación de oportunidades.

Atender a la diversidad desde un enfoque inclusivo constituye, pues, una tarea de todos los agentes educativos (familia, docentes y nuestros hijos) poniendo en valor el reconocimiento, el respeto, la comunicación y el aprendizaje por todo aquello que nos hace distintos. Sí, somos distintos, y sólo en la medida en la que eduquemos constructivamente, reconociendo nuestras diferencias, nos podremos sentir iguales.

Por tanto, una mayor integración social pasa necesariamente, aunque no únicamente, por asegurar la plena participación en la educación, para lo cual los niños y niñas no deben ser objeto de ningún tipo de discriminación por razones de origen, sexo o capacidades.

Trabajemos los valores para la integración en la educación como un medio para avanzar hacia una mayor equidad y un mayor desarrollo de sociedades más inclusivas y más justas.

Gemma Gutiérrez Moreno.
Psicóloga.

NADAR, Las primeras brazadas de tu bebé

Nadar
Las primeras brazadas de tu bebé

Hasta los 4 años los niños no tienen autonomía ni desarrollo como para nadar por sí mismos, pero es recomendable que se familiaricen con el agua desde que nacen. Está demostrado que los bebés disfrutan mucho en el agua, a la vez que es beneficioso para ellos ya que mejora su coordinación, su equilibrio, su fuerza muscular, les relaja, les hace comer y dormir mejor… Toda una serie de ventajas que hace imprescindible que este verano vayas a nadar con tu hijo, tenga la edad que tenga

¿A qué edad empezar?

Hasta los 4 o 5 años los niños son incapaces de nadar como un adulto, ya que son demasiado pequeños para desarrollar autonomía en el agua y adquirir los movimientos de la natación. Por lo tanto hay que distinguir entre bañarse y disfrutar en el agua, y aprender a nadar.

Sin embargo, desde que nacen los bebés pueden jugar en el mar o en la piscina con sus papis, lo cual les resultará muy divertido y beneficioso. Lo recomendable es esperar hasta los 3 o 4 meses de vida, incluso en algunas escuelas de natación no los aceptan hasta los 6 o 7 meses porque sus instalaciones no son adecuadas para niños tan pequeños.

A partir de los 9 meses los bebés pierden una serie de reflejos innatos muy útiles para la natación, por eso se recomienda que empiecen su contacto con el agua antes de su primer cumpleaños: se adaptan mejor que los niños mayores. Para Isaac González, jefe de actividades acuáticas del centro Lenoarmi, “lo ideal sería que empezaran antes de los 4 meses, siempre y cuando los padres se sientan preparados, ya que el bebé conserva una serie de capacidades que favorecen su adaptación. Tienen capacidad de flotar, de mover su cuerpo dentro del agua de forma relajada y además mantienen el reflejo de apnea, que consiste en cerrar la glotis y por tanto no tragan agua ni tienen sensación de atragantarse”.

El miedo al agua se adquiere conforme el niño va creciendo, mientras más tiempo esté apartado del agua, más probabilidades de que desarrolle sentimientos de desconfianza y hasta fobia, que posteriormente dificultarán el aprendizaje de la natación.

La matronatación

Este es el mejor método para iniciar a un bebé en la actividad acuática: la natación con los padres. Está demostrado que los pequeños disfrutan mucho en el agua, además de ser muy beneficiosa para ellos. En este método, es fundamental el papel de los padres. Éstos deben mostrar seguridad al bebé, a la vez que se refuerzan sus vínculos posibilitando una experiencia original, única e irrepetible.

Es conveniente esperar hasta el cuarto mes de vida, ya que a esa edad termina de madurar el sistema inmunológico del bebé y las posibilidades de resfriados y de infecciones como la otitis son menores.

Cada clase de matronatación varía según la escuela. En general, duran de 30 a 45 minutos, dependiendo de la resistencia y reflejos del bebé. En las clases se trabajan con materiales
didácticos (pelotas, tablas, etc.) adecuados a cada edad. En ellas, les van enseñando a sobrevivir en el agua y a flotar.

Por ejemplo, en el centro Valle 36 siguen el modelo didáctico basado en la “pedagogía del éxito”. El centro pone a los bebés en contacto con el medio acuático y los prepara para la llegada del verano ya que, gracias al contacto permanente en el agua con la madre o el padre, el pequeño consigue habituarse al agua, superar los miedos, desarrollarse física y mentalmente y disfrutar de un contacto familiar más profundo y enriquecedor. Estos cursos están impartidos por fisioterapeutas y educadores infantiles que siguen muy de cerca la evolución del bebé, personalizando los ejercicios y adaptándolos a las necesidades de cada uno. Los grupos tienen un máximo de cuatro alumnos (acompañados del papá o la mamá) que se relacionan e interactúan entre ellos, favoreciendo el desarrollo y la socialización.

Para Isaac González, del centro Lenoarmi, los objetivos de estas clases son tres:

• Aprender a comportarse en el agua.
• Trabajar la supervivencia.
• Favorecer su autonomía.

“Los niños, en el centro Lenoarmi, de los 0-3 años vienen a realizar la actividad con los papás, a partir de los 3 años se realiza un programa de autonomía donde los niños ya vienen sin la figura paterna.

Los primeros entrenamientos se pueden hacer en casa en la misma bañera, siempre hablando de niños entre 2 y 6 meses, por eso es recomendable llenar la bañera con agua y meterse dentro de ella con él, sin pensar en técnicas ni nada, únicamente con el afán de divertirse y de familiarizarse con el medio”.

Requisitos que debe cumplir la piscina

La piscina deberá seguir una serie de normas para que se adapte a las características físicas de un bebé:
1. La temperatura del agua deberá estar a unos 32º C, aunque puede variar un grado arriba o abajo dependiendo de la época del año.
2. El nivel de cloración del agua deberá estar entre el 0,5 y el 0,6% (frente al 1% en las de adulto).
3. Es muy recomendable que la piscina sea cubierta y climatizada y por supuesto cumpla con los requisitos higiénicos-sanitarios establecidos.
4. La zona de los vestuarios donde cambiarán las mamás (o papás) a sus niños deberá igualmente estar climatizada y cumplir las norma higiénicas.
5. Algunos vestuarios están bastante apartados de la piscina y en este trayecto los niños se pueden quedar fríos. Por ello es muy conveniente que cerca de la piscina exista un banco o lugar especial para desnudar y vestir al niño.
6. La piscina de los pequeños debe ser sólo para ellos, nunca compartida. Estas piscinas suelen medir 6 por 4 metros, aunque estas dimensiones no se establecen como una norma, existiendo en la actualidad de muchos tamaños y formas.

Beneficios de la natación

-Desarrollo psicomotor: Mejora la coordinación, el equilibrio y el conocimiento del espacio. Incrementa la fuerza gracias a los ejercicios musculares, haciendo que haya un desarrollo temprano de las habilidades psicomotrices tales como gatear y caminar.

-Fortalecimiento del sistema cardiorrespiratorio: Es beneficioso para la condición cardiovascular y por lo tanto, mejora la resistencia del bebé. Amplia la capacidad de su sistema respiratorio y la regulación adecuada a su circulación sanguínea.

-Relaja al niño: Los ejercicios suaves combinados con el agua a una temperatura agradable relajan al bebé, estimulan su apetito, le hacen comer y dormir mejor, y en consecuencia de eso, mejora su carácter y comportamiento.

-Refuerza su seguridad e independencia: El bebé se siente más seguro y disfruta mucho aprendiendo a nadar al sentir que sus padres tienen su atención concentrada en él. Incrementa su sentimiento de independencia y de autoconfianza.

-Aumenta el coeficiente intelectual: Está demostrado que los bebés que han hecho natación en los 2 primeros años de vida desarrollan una percepción mayor del mundo que los rodea con lo que ya están aprendiendo a ser más creativos y observadores. El agua estimula la capacidad de juego del niño y este hecho repercutirá muy positivamente en aprendizajes futuros.

-Desarrolla las habilidades vitales de supervivencia.

-Ayuda a su socialización: Estimula la confianza en uno mismo y por lo tanto mejora la comunicación con los demás. La convivencia en la piscina con otros niños le ayudará a relacionarse mejor, además de aprender a compartir y realizar actividades junto a otras personas.

-Fortalece su sistema inmunológico.

Aprendiendo a nadar

A partir de los 4-5 años, dependiendo del desarrollo físico y mental del niño, ya se le puede enseñar a nadar como a un adulto, no sólo a flotar. “La mejor manera es acudiendo a un centro especializado.

Algunos trucos…

-El papá o la mamá deben estar muy relajados y tranquilos, sobre todo con niños menores de 3 años, ya que estará apoyado sobre las manos de sus padres y, si estas manos están rígidas, el niño estará tenso y no podrá sentirse cómodo dentro del agua.

-Es importante no pedir demasiado a sus hijos, cada niño evoluciona según su ritmo normal madurativo, incluso dentro del agua, por eso es importante que no se les exija más de la cuenta ya que si no, después nos encontramos con niños que no se sienten cómodos dentro del agua y no quieren seguir realizando la actividad.

-También les puede ayudar realizar juegos donde el niño disfrute y pueda experimentar en el agua.

NOEMÍ SURIOL
Directora y fundadora MÉTODO LENOARMI
C/Dr.Roux 19-21, Barcelona
www.leonarmi.com

¿Educación Positiva?

¿Educación positiva?

La primera vez que oí el término Buen trato, fue trabajando con Jorge Barudy a principio de la década del 2000, fue en su momento (y, a menudo, incluso ahora), bastante revolucionario en el campo de la psicología, hablar de recursos, de resiliencia, de buen trato y no de trastornos o enfermedades, debilidades o trastornos.

Los avances científicos, especialmente en el campo de las neurociencias afectivas, argumentan los méritos de este enfoque basado en el buen trato, a menudo ahora se llama educación positiva. Este apasionante campo nos permite entender mejor el impacto de nuestro comportamiento como padres (pero también educadores, abuelos, maestros, instructores, etc.) de un desarrollo armonioso del cerebro de nuestros hijos. Más y más investigación sobre el cerebro muestran una educación y el cuidado empático permite al cerebro a crecer mejor. Esta investigación también muestra que el abuso físico y verbal, y el estrés pueden cambiar profundamente el cerebro del niño y causar trastornos cognitivos y de conducta.

Además, la presencia benévola de los padres y su respuesta apropiada rápida y coherente a las necesidades de los niños pequeños les permite desarrollar un apego seguro. Este apego es la base de un desarrollo social armónico y emocional. El niño aprende a explorar su entorno, buscar ayuda y desarrollar relaciones constructivas con los demás. Esta seguridad es la base de la autoestima, la independencia, el valor y la empatía.

El niño nace con un cerebro inmaduro. Por lo tanto, el cerebro del niño se desarrolla en relación con el otro, cada interacción relacional creará nuevas redes neuronales. Una relación empática, amorosa y de apoyo, es clave para tejer estas nuevas redes neuronales para el desarrollo óptimo del cerebro.

En concreto, el buen trato estimula la liberación de oxitocina. La oxitocina es lo que podría llamarse la molécula de conexión con los demás, o la molécula del amor y la amistad: fomenta la empatía y genera confianza, altruismo, y cooperación. También reduce el estrés y la ansiedad y estimula otras tres moléculas: la dopamina, la serotonina y las endorfinas. La dopamina estimula la motivación, esencial para todo aprendizaje, da placer de vivir y favorece la creatividad; endorfinas proporcionan bienestar y la serotonina estabiliza el estado de ánimo. Estas moléculas hacen que el niño sea tranquilo, feliz por aprender, y empático.

¿Qué podemos hacer como padres para nuestros hijos crezcan y se desarrollen mejor?

Este artículo no pretende ni dar recetas ni lecciones morales, pero si algunas reflexiones basadas en las últimas investigaciones científicas. Que cada uno elija las que le parezcan consistentes; no hay que olvidar que nunca es demasiado tarde para mejorar nuestras prácticas educativas y que no hay sólo una forma de hacerlo.

1. Cuidarse

Para responder adecuadamente a las necesidades del /la hijo/a los padres deben cuidarse y sentirse apoyados. Esto es importante porque nuestra capacidad de gestionar la frustración es limitada, la frustración se va acumulando por pequeños acontecimientos del día y merma nuestra energía y nuestra paciencia (gritos, tráfico, despertar nocturno, una bebida derramada, juguetes tirados, etc.). Esto es particularmente cierto en los primeros meses de vida del bebé cuando los padres padecen falta de sueño. No se puede olvidar las hormonas, que hacen a las madres particularmente vulnerables; por eso es fundamental que se les proporcione apoyo emocional y logístico. Sería conveniente, podría decir de forma un poco esquemática, que el padre se encargara de la madre para que pudiera cuidar con tranquilidad de su bebé, para que tenga tiempo de “recargar las baterías”. Que pueda tomar un baño, un café con un amiga, practicar la coherencia cardíaca (2) , deportes, meditación, …

2. Responder a las necesidades del niño

Frente al bebé y al pequeño/a que llora es importante estar atentos a sus necesidades y responder rápida y adecuadamente. Uno se pregunta: ¿Mi niño no está demasiado caliente o demasiado frío? Está cansado, tiene hambre? ¿Debemos cambiar el pañal? ¿Está sobre-estimulado? O simplemente, ¿mi hijo necesita estar en brazos, ser abrazado y recibir cariño?. Un abrazo le puede dar seguridad y alivia la tensión (la oxitocina, la hormona anti-estrés, se libera después de 20 segundos de contacto físico afectivo). El mensaje que se le da entonces al niño/a es que sus necesidades están escuchadas, y eso ayuda y solidifica el vínculo y la confianza entre padres e hijos.

3. Conocer al niño por sus acciones.

Julia tenía tres años, ¡dibujó en las paredes! Su padre respondió gritando “esto no es posible, ¡no haces más que tonterías! ¡¡Eres tonta por escribir en las paredes !! “Julia, que estaba muy satisfecha con su obra de arte, no entiende la reacción de su padre que significa para ella “está mal, soy mala. ” Sin embargo, el problema no es ella, es lo que hizo. Si después de respirar profundamente, su papá le dice: “Veo que has dibujado en las paredes, es una bella obra de arte. Pero te recuerdo que se pinta en las hojas de papel, no en las paredes. Vamos a buscar una esponja y vamos a limpiar juntos “.
¿Jugamos al juego de palabras? Es un detalle de lenguaje? El impacto en la autoestima son enormes. Julia se siente respetada porque su padre reconoció su necesidad natural para crear y expresarse, y también le da la oportunidad de corregir lo que hizo. Cuando decimos: mi hija es caprichosa, mi hijo es egoísta, llevamos al niño a una visión de sí mismo que no sólo es falsa, sino que además buscará reafirmarse. En resumen un niño “insoportable” hará todo lo posible por serlo.

4. Poner palabras en las emociones y aceptarlas

Si su hijo está llorando porque se ha hecho daño, y le dice: “Lloras, te has hecho daño, te doy un abrazo” (reconoce sus emociones y las acepta, un abrazo puede desprender oxitocina, la hormona anti-estrés).
Cuando digo “deja de llorar, eso no es nada!”, el niño no comprende porque lo que siente no coincide con el mensaje que recibe por parte del adulto y cuando se repite, con el tiempo piensa que no puede confiar en sus emociones y que no debe mostrarlas.
Si el niño escucha : “Veo que estás realmente muy enfadado, puedes estar muy enfadado, lo entiendo, pero puedes dejar salir la ira gritando en voz alta o escribiendo en un papel.” Con nuestra actitud se siente escuchado, entendido, aceptado y ha aprendido alternativas más constructivas para expresar su ira.

4. Formular sus solicitudes de manera positiva, dar la elección.

El cerebro del niño tiene problemas para escuchar la negación, el mensaje lo entenderá mejor si lo positivamos . “En la bañera siéntate, es para tu seguridad” (en lugar de “deja de moverte que vas a caer …”) o “Aquí nos tenemos que estar calmados” (En lugar de “aquí no gritamos”) . Así, uno puede optar por decir “stop” en lugar de “No”. Buscando opciones también conseguiremos una mayor cooperación por parte de los niños. En lugar de preguntar “¿Quieres judías verdes? “Podemos decir” ¿Quieres uno o dos cucharadas de judías? “O” ¿Quieres empezar con los pantalones o la camisa? “En lugar de” Ahora nos vestimos! “.

5. Anticipar el establecimiento de las reglas de antemano y buscar la participación.

Lo que parece normal y obvio para los adultos no es necesariamente normal para los niños. Una forma de evitar algunos “sin sentido” es tratar de anticipar las situaciones de antemano. “Vamos de compras, que espero que estés a mi lado y tranquilo.” “Vas a ser el encargado de poner las manzanas y las galletas en el carro de la compra. “El niño no es capaz de integrar las normas definitivamente hasta 6-7 años, por lo que es normal tener que repetir una y otra vez.

6. Debemos tener en cuenta su nivel de desarrollo

Hemos mencionado antes que el niño nace con un cerebro inmaduro, el cerebro se desarrolla durante la infancia y la adolescencia y todavía evoluciona en la edad adulta. Cuando el niño hace una de sus famosas “crisis” es fundamental tener en cuenta que su cerebro es inmaduro, y vive en ese momento una verdadera tormenta emocional, su cerebro no está en línea, no es capaz de razonar . El niño no puede controlarse y necesita de los adultos por contenerlo físicamente y/o emocionalmente. Si no controla, lo tomamos brazos: estás enfadado, estás triste. Se siente frustrado y lo entendemos. Siempre el adulto ayuda poniendo palabras a la emoción del niño, hablando en un ambiente tranquilo y con voz relajada , ayuda a su cerebro a desarrollarse.
Sólo alrededor de 5-6 años el cerebro tiene la madurez suficiente para gestionar y normalizar mejor las emociones.

8. Permitir explorar el entorno

El cerebro de los niños se desarrolla mediante la exploración, es importante dejar que se muevan libremente en entornos seguros. Es decir, poniendo a su disposición un espacio que donde se eliminaron todas las fuentes de peligros para que puedan moverse libremente e ir a su propio ritmo a través de las diferentes etapas del desarrollo motor. El hecho de poder arrastrarse, gatear e intentar ponerse en pie, es fundamental para la buena organización de la lateralidad y el desarrollo adecuado de las capacidades como la atención, la impulsividad, la gestión, etc. Explorando el niño hace sus primeras adquisiciones y cada vez confía más en él.

9. Dar ejemplo

Los niños aprenden por imitación: educar es dar ejemplo. Hemos de hablarles como nos gustaría que lo hiciesen con nosotros: pedir por favor, dar las gracias….
No somos perfectos, podemos estar equivocados y admitir los errores y pedir perdón.
Nuestros hijos son lo que les proporcionamos, crecen de acuerdo a lo que reciben de sus padres y su entorno. Ellos aprenden los valores más por el ejemplo que con las palabras. Así, en el ejemplo enseñamos a nuestros hijos a cuidar de ellos, escuchar sus propias necesidades, ser empático y atender a su vez.

Para tener las referencias de las fuentes de este artículo para los padres que desean saber más, les rogamos ponerse en contacto con la escuela. Gracias.

(1) Para no sobrecargar el texto, hace referencia a los padres, pero se refiere a cualquier adulto al cuidando del niño.
(2) La coherencia cardíaca pone en “resonancia” el corazón y la respiración. Para ello, basta con utilizar 6 ciclos respiratorios por minuto durante 5 minutos.

Inès Despature
Psicóloga Col. 17431
www.inesdespature.com