¿Educación Positiva?

¿Educación positiva?

La primera vez que oí el término Buen trato, fue trabajando con Jorge Barudy a principio de la década del 2000, fue en su momento (y, a menudo, incluso ahora), bastante revolucionario en el campo de la psicología, hablar de recursos, de resiliencia, de buen trato y no de trastornos o enfermedades, debilidades o trastornos.

Los avances científicos, especialmente en el campo de las neurociencias afectivas, argumentan los méritos de este enfoque basado en el buen trato, a menudo ahora se llama educación positiva. Este apasionante campo nos permite entender mejor el impacto de nuestro comportamiento como padres (pero también educadores, abuelos, maestros, instructores, etc.) de un desarrollo armonioso del cerebro de nuestros hijos. Más y más investigación sobre el cerebro muestran una educación y el cuidado empático permite al cerebro a crecer mejor. Esta investigación también muestra que el abuso físico y verbal, y el estrés pueden cambiar profundamente el cerebro del niño y causar trastornos cognitivos y de conducta.

Además, la presencia benévola de los padres y su respuesta apropiada rápida y coherente a las necesidades de los niños pequeños les permite desarrollar un apego seguro. Este apego es la base de un desarrollo social armónico y emocional. El niño aprende a explorar su entorno, buscar ayuda y desarrollar relaciones constructivas con los demás. Esta seguridad es la base de la autoestima, la independencia, el valor y la empatía.

El niño nace con un cerebro inmaduro. Por lo tanto, el cerebro del niño se desarrolla en relación con el otro, cada interacción relacional creará nuevas redes neuronales. Una relación empática, amorosa y de apoyo, es clave para tejer estas nuevas redes neuronales para el desarrollo óptimo del cerebro.

En concreto, el buen trato estimula la liberación de oxitocina. La oxitocina es lo que podría llamarse la molécula de conexión con los demás, o la molécula del amor y la amistad: fomenta la empatía y genera confianza, altruismo, y cooperación. También reduce el estrés y la ansiedad y estimula otras tres moléculas: la dopamina, la serotonina y las endorfinas. La dopamina estimula la motivación, esencial para todo aprendizaje, da placer de vivir y favorece la creatividad; endorfinas proporcionan bienestar y la serotonina estabiliza el estado de ánimo. Estas moléculas hacen que el niño sea tranquilo, feliz por aprender, y empático.

¿Qué podemos hacer como padres para nuestros hijos crezcan y se desarrollen mejor?

Este artículo no pretende ni dar recetas ni lecciones morales, pero si algunas reflexiones basadas en las últimas investigaciones científicas. Que cada uno elija las que le parezcan consistentes; no hay que olvidar que nunca es demasiado tarde para mejorar nuestras prácticas educativas y que no hay sólo una forma de hacerlo.

1. Cuidarse

Para responder adecuadamente a las necesidades del /la hijo/a los padres deben cuidarse y sentirse apoyados. Esto es importante porque nuestra capacidad de gestionar la frustración es limitada, la frustración se va acumulando por pequeños acontecimientos del día y merma nuestra energía y nuestra paciencia (gritos, tráfico, despertar nocturno, una bebida derramada, juguetes tirados, etc.). Esto es particularmente cierto en los primeros meses de vida del bebé cuando los padres padecen falta de sueño. No se puede olvidar las hormonas, que hacen a las madres particularmente vulnerables; por eso es fundamental que se les proporcione apoyo emocional y logístico. Sería conveniente, podría decir de forma un poco esquemática, que el padre se encargara de la madre para que pudiera cuidar con tranquilidad de su bebé, para que tenga tiempo de “recargar las baterías”. Que pueda tomar un baño, un café con un amiga, practicar la coherencia cardíaca (2) , deportes, meditación, …

2. Responder a las necesidades del niño

Frente al bebé y al pequeño/a que llora es importante estar atentos a sus necesidades y responder rápida y adecuadamente. Uno se pregunta: ¿Mi niño no está demasiado caliente o demasiado frío? Está cansado, tiene hambre? ¿Debemos cambiar el pañal? ¿Está sobre-estimulado? O simplemente, ¿mi hijo necesita estar en brazos, ser abrazado y recibir cariño?. Un abrazo le puede dar seguridad y alivia la tensión (la oxitocina, la hormona anti-estrés, se libera después de 20 segundos de contacto físico afectivo). El mensaje que se le da entonces al niño/a es que sus necesidades están escuchadas, y eso ayuda y solidifica el vínculo y la confianza entre padres e hijos.

3. Conocer al niño por sus acciones.

Julia tenía tres años, ¡dibujó en las paredes! Su padre respondió gritando “esto no es posible, ¡no haces más que tonterías! ¡¡Eres tonta por escribir en las paredes !! “Julia, que estaba muy satisfecha con su obra de arte, no entiende la reacción de su padre que significa para ella “está mal, soy mala. ” Sin embargo, el problema no es ella, es lo que hizo. Si después de respirar profundamente, su papá le dice: “Veo que has dibujado en las paredes, es una bella obra de arte. Pero te recuerdo que se pinta en las hojas de papel, no en las paredes. Vamos a buscar una esponja y vamos a limpiar juntos “.
¿Jugamos al juego de palabras? Es un detalle de lenguaje? El impacto en la autoestima son enormes. Julia se siente respetada porque su padre reconoció su necesidad natural para crear y expresarse, y también le da la oportunidad de corregir lo que hizo. Cuando decimos: mi hija es caprichosa, mi hijo es egoísta, llevamos al niño a una visión de sí mismo que no sólo es falsa, sino que además buscará reafirmarse. En resumen un niño “insoportable” hará todo lo posible por serlo.

4. Poner palabras en las emociones y aceptarlas

Si su hijo está llorando porque se ha hecho daño, y le dice: “Lloras, te has hecho daño, te doy un abrazo” (reconoce sus emociones y las acepta, un abrazo puede desprender oxitocina, la hormona anti-estrés).
Cuando digo “deja de llorar, eso no es nada!”, el niño no comprende porque lo que siente no coincide con el mensaje que recibe por parte del adulto y cuando se repite, con el tiempo piensa que no puede confiar en sus emociones y que no debe mostrarlas.
Si el niño escucha : “Veo que estás realmente muy enfadado, puedes estar muy enfadado, lo entiendo, pero puedes dejar salir la ira gritando en voz alta o escribiendo en un papel.” Con nuestra actitud se siente escuchado, entendido, aceptado y ha aprendido alternativas más constructivas para expresar su ira.

4. Formular sus solicitudes de manera positiva, dar la elección.

El cerebro del niño tiene problemas para escuchar la negación, el mensaje lo entenderá mejor si lo positivamos . “En la bañera siéntate, es para tu seguridad” (en lugar de “deja de moverte que vas a caer …”) o “Aquí nos tenemos que estar calmados” (En lugar de “aquí no gritamos”) . Así, uno puede optar por decir “stop” en lugar de “No”. Buscando opciones también conseguiremos una mayor cooperación por parte de los niños. En lugar de preguntar “¿Quieres judías verdes? “Podemos decir” ¿Quieres uno o dos cucharadas de judías? “O” ¿Quieres empezar con los pantalones o la camisa? “En lugar de” Ahora nos vestimos! “.

5. Anticipar el establecimiento de las reglas de antemano y buscar la participación.

Lo que parece normal y obvio para los adultos no es necesariamente normal para los niños. Una forma de evitar algunos “sin sentido” es tratar de anticipar las situaciones de antemano. “Vamos de compras, que espero que estés a mi lado y tranquilo.” “Vas a ser el encargado de poner las manzanas y las galletas en el carro de la compra. “El niño no es capaz de integrar las normas definitivamente hasta 6-7 años, por lo que es normal tener que repetir una y otra vez.

6. Debemos tener en cuenta su nivel de desarrollo

Hemos mencionado antes que el niño nace con un cerebro inmaduro, el cerebro se desarrolla durante la infancia y la adolescencia y todavía evoluciona en la edad adulta. Cuando el niño hace una de sus famosas “crisis” es fundamental tener en cuenta que su cerebro es inmaduro, y vive en ese momento una verdadera tormenta emocional, su cerebro no está en línea, no es capaz de razonar . El niño no puede controlarse y necesita de los adultos por contenerlo físicamente y/o emocionalmente. Si no controla, lo tomamos brazos: estás enfadado, estás triste. Se siente frustrado y lo entendemos. Siempre el adulto ayuda poniendo palabras a la emoción del niño, hablando en un ambiente tranquilo y con voz relajada , ayuda a su cerebro a desarrollarse.
Sólo alrededor de 5-6 años el cerebro tiene la madurez suficiente para gestionar y normalizar mejor las emociones.

8. Permitir explorar el entorno

El cerebro de los niños se desarrolla mediante la exploración, es importante dejar que se muevan libremente en entornos seguros. Es decir, poniendo a su disposición un espacio que donde se eliminaron todas las fuentes de peligros para que puedan moverse libremente e ir a su propio ritmo a través de las diferentes etapas del desarrollo motor. El hecho de poder arrastrarse, gatear e intentar ponerse en pie, es fundamental para la buena organización de la lateralidad y el desarrollo adecuado de las capacidades como la atención, la impulsividad, la gestión, etc. Explorando el niño hace sus primeras adquisiciones y cada vez confía más en él.

9. Dar ejemplo

Los niños aprenden por imitación: educar es dar ejemplo. Hemos de hablarles como nos gustaría que lo hiciesen con nosotros: pedir por favor, dar las gracias….
No somos perfectos, podemos estar equivocados y admitir los errores y pedir perdón.
Nuestros hijos son lo que les proporcionamos, crecen de acuerdo a lo que reciben de sus padres y su entorno. Ellos aprenden los valores más por el ejemplo que con las palabras. Así, en el ejemplo enseñamos a nuestros hijos a cuidar de ellos, escuchar sus propias necesidades, ser empático y atender a su vez.

Para tener las referencias de las fuentes de este artículo para los padres que desean saber más, les rogamos ponerse en contacto con la escuela. Gracias.

(1) Para no sobrecargar el texto, hace referencia a los padres, pero se refiere a cualquier adulto al cuidando del niño.
(2) La coherencia cardíaca pone en “resonancia” el corazón y la respiración. Para ello, basta con utilizar 6 ciclos respiratorios por minuto durante 5 minutos.

Inès Despature
Psicóloga Col. 17431
www.inesdespature.com

Share this: